¿Y ahora qué?

¿Alguna vez te has hecho esa pregunta?

¿Has estado en un punto de tu vida en el que no ves ningún camino por donde seguir o los caminos que venías transitando ya no son suficientes?

Yo sí he estado es esa situación, la primera vez que me sentí así fue cuando terminé mis estudios de bachillerato y no tenía ni idea que estudios superiores realizar.

En esta oportunidad estudié una carrera que estaba “de moda”, pero no tenía ni idea si era algo que me gustaría o si estaba alineada con mis talentos. Podrás deducir lo que sucedió, una carrera que a pesar de apalancarme mucho en mi desarrollo profesional, no era nada parecido a lo que quería, así que estudié otra carrera universitaria, más un máster que me dieron grandes satisfacciones, pero..

Con  el paso del tiempo ese “pero” me llevó a la segunda vez que me realicé esa pregunta, y es que llegué a un punto en mi vida donde sentí que me había quedado sin rumbo, una sensación de vacío existencial que me abordó y me dejó sin proyectos, ni sueños futuros.

Si se te presenta en la vida esta incógnita tienes dos opciones,

  1. Sumergirte en la depresión.
  2. Tomar las riendas de tu vida.

Yo afortunadamente tomé la segunda opción y decidí retomar el control de mi vida y hoy te quiero compartir los primeros pasos que realicé para poder reencontrarme:

  1. Aprendí a conocerme nuevamente, a buscar dentro de mí lo que necesitaba para diseñar de nuevo mi camino, descubrí mis valores, identifiqué mis talentos (me hubiera gustado hacer este trabajo cuando salí de bachillerato), me plantee mi Propósito de Vida. Te cuento que en este punto me quedé impactada al descubrí que de mis 5 talentos principales solo uno había convertido en fortaleza, y en ese momento entendí porque me había quedado sin rumbo.
  2. Preparé mi Kit de apoyo, donde identifiqué a plenitud mis fortalezas, mis habilidades y las herramientas que hasta la fecha había empleado para tener éxito en mis proyectos y metas.
  3. Diseñé un plan de acción con metas y objetivos alineados con mi misión de vida; y apoyándome de mis talentos naturales. Desde este punto todo cambia, la vida comienza a tener sentido, te das cuenta de que siempre hay tiempo para retomar el camino y que toda experiencia te fortalece y te ayuda a crecer.
  4. Tener un cómplice en el viaje. Tener un coach de apoyo o un mentor que te ayude a seguir es muy importante, porque este viaje transformacional no siempre podemos hacerlos solos.

Lo maravilloso de este proceso es que cuando lo inicias ya no quieres regresar, cuando descubres tu verdadera esencia, tu misión de vida, te llenas de energía y de ilusión por la Vida.

Te has hecho esa pregunta: ¿Y ahora qué?


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