¡Que Talento¡ – Pa´ que más

Cuidado muchacho… Te vas a caer – Se escuchó el grito de una madre que miraba a su hijo como juagaba.

Era una tarde cálida en el parque del barrio donde se reunían, tanto niños como madres, a esperar el atardecer.

Todos los niños corrían y brincaban por todos lados, se montaban en los columpios y jugaban con la tierra; todos los niños menos uno.

Pablo era un pequeño de cabello liso y negro como la noche, de tez clara y grandes ojos castaños, que no podía quitar la mirada de aquel pequeño saltamontes que tenía frente a él. Detallaba cada parte de aquel animalito, sus largas patas, su color verde brillante, sus pequeños ojos y cada suave movimiento que hacía. El poder observar aquella creación de la naturaleza era para aquel niño la más grande maravilla.

Nunca faltaba el comentario del barrio,

  • Que niño tan extraño, murmuraban

O las burlas de los niños, que no entendía su interés.

  • Pablo!, Que tanto le vez a ese insecto insignificante, pareces un loco.

Pero nada hacía que Pablo perdiera el interés por aquella criatura.

Es hora de irnos, escucho Pablo la voz de su madre, se levanto con calma y se fue dando pequeños saltos hasta el encuentro con aquella mano cálida que lo esperaba.

En su casa era otra historia, luego del baño y la cena, Pablo corría hasta su habitación. En una esquina de aquel cuarto se encontraba un pequeño escritorio de madera, sobre él varias hojas blancas, lápices, colores y una delicada lampara que resaltaba con su Luz todo aquel mundo de color.

Nada más sentarse en su silla, Pablo comenzó a crear, tomó lápiz y papel y su mano empezó a moverse armónicamente con sus ojos fijos sobre las líneas que dibujaba. Con el paso del tiempo apareció, con todo detalle, aquel saltamontes que había brincado del piso hasta su mente.

La perfección de sus dibujos era fascinante, recreaba con total exactitud las formas, el color. Aquel dibujo parecía cobrar vida. El talento que tenía Pablo para recrear en una hoja lo que sus ojos captaban era asombrosa.

Sólo una cosa tiene Pablo en mente cada vez que sale al parque, buscar su próxima obra…

En esta pequeña historia Pablo tenía muy claro cuál era su talento y no deja que terceros afecten su concentración y su objetivo, que era poder grabar cada detalle de aquel animalito, para poder luego, en la tranquilidad de su habitación, dibujarlo.

¿Cuántas veces has dejado que los “murmullos” de las personas te afecten?

¿Cuántas veces has dejado que las críticas te alejen de tus sueños?

¿Cuántas veces has hecho una actividad que no querías por miedo a que te llamaran “diferente”?

Enseñanzas de Pablo.

  1. Ten claridad en cuál es tu objetivo.
  2. No hagas caso de los comentarios de terceros que no entienden tus sueños.
  3. Enfócate en el aquí y en el ahora.
  4. Has solo aquello que disfrutas.
  5. Mantén la constancia y verás grandes resultados.

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